Recipientes para conservar la leche materna

Por Paloma de Miguel (IBCLC) y Amparo Quiles (Pediatra)

Muchas madres tienen dudas acerca de cómo conservar los primeros alimentos de su bebé: la leche materna y las papillas caseras: qué tipo de recipiente usar y qué tipo de método de conservación.

Dos de las “leyendas urbanas” que nos comentan a menudo son el uso de botes de orina para almacenar la leche materna, y la conservación de las papillas caseras “en conserva” para guardarlas en la despensa, en lugar de en el congelador.

La respuesta a ambas preguntas es un rotundo NO, y a continuación os explicamos por qué los botes de orina no son los recipientes más adecuados (otro día hablaremos de las papillas en conserva).


LECHE MATERNA Y BOTES DE ORINA.
Es cierto que los botes de orina son baratos (unos 50 céntimos la unidad), estériles, desechables, accesibles y tienen un tamaño muy adecuado para guardar la leche materna (recordemos que lo ideal es hacer porciones de unos 50-60 ml para evitar tener que descongelar en exceso. Pero no es el recipiente más adecuado, por dos motivos:

  • Los plásticos utilizados en los botes de orina no son de uso alimentario. Habitualmente el material es prolipropileno (PP), que es un plástico al que se añaden aditivos según el fin al que se vaya a destinar el recipiente. El problema es que no todos esos aditivos son inocuos, por tanto si no llevan el símbolo de plástico alimentario (un tenedor y un cuchillo en sobrerrelieve) no se pueden usar en contacto con alimentos.
  • Los gases que se utilizan para esterilizar pueden resultar tóxicos. Este punto es un poco menos importante, porque se resuelve lavándolos con agua y jabón… ¡pero entonces ya no son estériles!


Entonces, ¿qué debemos usar?

  • Recipientes específicos para leche materna: bolsas y botes de plástico para el almacenaje. Además de ser bastante más caros, suelen tener una gran capacidad (150-180 ml, recordemos que lo ideal es congelar en pequeñas porciones). Ventajas: suelen adaptarse al sacaleches (pero no son intercambiables entre marcas) y lógicamente cumplen los requisitos de calidad.
  • Otra posibilidad asequible y sencilla: recipientes pequeños de cristal, como los de las conservas. Podemos comprarlos al por mayor y cuestan incluso menos que los de orina, son reutilizables y pueden esterilizarse (al baño maría, con un esterilizador o incluso en el lavavajillas). El vidrio no es tóxico, y aunque una pequeña cantidad de inmunoglobulinas se adhiere a las paredes, es muy poco lo que se pierde. A la hora de descongelar se debe proceder de igual forma que con otros recipientes (en la nevera o al baño maría para la descongelación rápida). Se almacenan fácilmente en el congelador (mejor que las bolsas), y pueden rotularse con etiquetas para retirarlas con el siguiente ciclo de esterilización. Como precaución, si las tapas se oxidan deben sustituirse por otras nuevas.


¿Tenéis alguna duda al respecto? ¿Usáis otro tipo de recipientes?
Podéis compartirlas en el apartado “Comentarios”, o bien por correo electrónico en info@anidandocrianza.com