Accidentes en casa (parte 1)

Los accidentes son la primera causa de muerte y discapacidad en niños mayores de 1 año, con causas variables dependiendo de la edad del niño.

En este grupo de artículos vamos a ver qué accidentes domésticos son más frecuentes en cada grupo de edad, y cómo podemos prevenir las situaciones que los producen.

Los bebés, hasta que empiezan a moverse de forma autónoma, son relativamente fáciles de controlar, aunque no por ello están exentos de peligro. Conforme adquieren libertad de movimientos se pueden exponer a riesgos en relación con el ambiente (tóxicos, golpes y caídas, quemaduras, etc). Hay que tener en cuenta que, incluso aun explicándoselo, los niños no son conscientes de que algo puede resultar peligroso o tener consecuencias negativas, o permanentes (no entienden el concepto de tiempo, muerte, etc), por eso es importante acompañar la educación de una serie de medidas de prevención.

CAÍDAS

En el niño pequeño son frecuentes las caídas de la cama de los padres, el sofá, el cambiador, la trona o el cochecito. Para prevenirlos, debemos asegurar que cumplen las medidas de seguridad, y que nosotros las aplicamos:

  • Cuna: cuidado con las cunas heredadas de generaciones anteriores, porque la normativa se actualizó en la década de los 80.
    • No debe haber menos de 60 cm entre la posición más baja del somier y el borde de la barrera, y no debemos dejar ningún juguete, cortina, almohadón u objeto que pueda permitir al niño escalar y alcanzar el borde.
    • La distancia entre los barrotes debe ser entre 4,5 y 6,5 cm, para evitar que pueda engancharse la cabeza o alguna extremidad.
    • Si tiene ruedas, debe estar frenada, y si se usa como colecho, debe estar bien fijada a la cama de los padres (con los kits de colecho que la fijan al somier, o bien poniendo la cuna justo entre la pared y la cama para que no pueda moverse). Tampoco es buena idea poner la cuna debajo de una ventana.

Cuando pasemos al niño de la cuna a la cama es conveniente usar una cama baja (a ras de suelo) o colocar una barrera para que no se caiga. También es importante enseñarle a bajar con seguridad, poniendo primero las piernas y después bajando.

  • Cambiador:
    • Debe estar fijo (o no moverse con facilidad) a la mesa o cómoda donde estén colocados, pues cuando se hagan mayores pueden moverlo y caer. Lo ideal es que los bordes del mismo estén algo elevados para evitar sustos.
    • Cuando el niño está sobre el cambiador es de vital importancia no dejarlo solo: algunos aprenden pronto a dar la vuelta sobre sí mismos (a hacer la “croqueta”) y pueden rodar y caerse (y los cambiadores suelen estar a una altura considerable). Esta precaución debemos tenerla también cuando dejamos al niño en una cama, sofá, camilla del pediatra, báscula…

 

  • Trona:
    • Debe ser lo suficientemente estable como para no volcar si el niño se mueve bruscamente, incluso si algún hermano se apoya detrás o colocamos peso en el respaldo.
    • Además, debe llevar algún tipo de sujeción (arnés, cinturón, barrera) hasta que el niño sea capaz de mantenerse en ella sin resbalar… ni tirarse. Especial cuidado, en este aspecto, con las tronas evolutivas, puesto que al contrario que las típicas tronas vienen con la posibilidad de retirar los arneses, y si el niño es demasiado pequeño puede resultar peligroso.
  • Cochecito, maxicosi y silla de paseo:
    • Debe tener arnés con sujeción en, al menos, 3 puntos (mejor en 5 puntos: hombros, caderas y entre las piernas).
    • Debe ser estable, y por supuesto tenemos que recordar no sobrecargar el manillar con demasiado peso, sobre todo en las sillas de paseo, ante el riesgo de que se pueda volcar hacia atrás.
    • Es importante explicar al niño que no debe desatarse (aprenden muy rápido), ponerse de pie sobre el carrito… ni escaparse.

 

Las caídas pueden producirse, también, estando en brazos de algún adulto, o cuando los dejamos “un momentín” en la encimera de la cocina o una mesa. Tened en cuenta que la cabeza de un bebé pesa más, proporcionalmente, que su cuerpo, por lo que pasará como con la mantequilla de la tostada, que siempre cae hacia abajo.


Vale, pero, ¿y si se cae?

Como hemos comentado, las caídas son frecuentes, y lo normal es que los niños reciban golpes en la cabeza varias veces durante su infancia. El riesgo dependerá de la edad del bebé, la altura de la caída y, sobre todo, de los síntomas posteriores. Si llora inmediatamente y luego se comporta normal suele estar todo bien y debemos observarlo en domicilio. Si pierde la consciencia o convulsiona tras el golpe, o si luego vomita (sobre todo si los vómitos persisten) o refiere luego dolor de cabeza, irritabilidad, somnolencia excesiva, o no habla, anda o se mueve como antes, hay que acudir al pediatra cuanto antes. Os dejamos el enlace para que os descarguéis la hoja de recomendaciones para padres de la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas tras un traumatismo craneoencefálico (TCE o golpe en la cabeza). En el “chichón” podéis poner hielo, pero lo de la moneda y la pomada de arnica no es útil. Es distinto si tiene herida, en cuyo caso puede ser necesario suturarla y sí que se debe consultar directamente en el pediatra/hospital.