Vacuna del coronavirus: ¿eso cómo se hace?

En plena crisis por coronavirus, una de las cosas que más se comenta es el tema de la futura vacuna para esta enfermedad, así que vamos a hablar de vacunas.

¿Qué son las vacunas?

Las vacunas se usan para ofrecer a nuestro sistema inmunitario una enfermedad para que la estudien. Es algo así como “donar el cuerpo a la ciencia”, aunque dudo que los bichos implicados estén de acuerdo. Al darle a nuestro sistema inmunitario un virus o bacteria muerto, inactivado o troceado (una parte de su cápsula, o de sus proteínas) nuestro cuerpo puede estudiarlos y generar respuestas contra ese bicho. Es como la película “Minority report”: tienen la información antes de que ocurra, así, a la próxima que tengamos contacto con el bicho, estos “policías” superespecializados pueden salir inmediatamente a buscar al bicho y matarlo. Habitualmente no presentamos enfermedad por un microorganismo para el que estamos vacunados, aunque podría ocurrir, normalmente con menos agresividad.

 

¿Cómo se “descubren”?

El primer paso es encontrar una parte del bicho que no genere enfermedad en nuestro cuerpo, pero que a nuestro sistema inmunitario le sirva para hacer planes: que pueda reconocerlo y luchar, y que sepamos que va a estar presente en el bicho original vivo. Algo así como el caballo de troya, pero al revés: queremos meter un trozo que no vaya a atacarnos desde dentro.

Una vez lo tenemos, hay que averiguar cómo meterlo en el cuerpo para que siga haciendo esa función. Para eso, se mezcla con distintas sustancias que facilitan su conservación y que sirven de vector para que nuestro sistema inmunitario lo reconozca.

Lógicamente, después hay que experimentar y ver si todo lo que hemos planeado, funciona de verdad. Se hacen pruebas in vitro (en laboratorio), pruebas in vivo en animales, y finalmente pruebas en humanos. Como imaginaréis, es más difícil que se hagan estudios en niñ@s que en adultos, pero también se hacen, claro.

Además de valorar la efectividad, hay que ver la seguridad: que no se produzca enfermedad, ni tampoco efectos secundarios graves.

Finalmente, existe el problema de la viabilidad: que puedan conservarse para distribuirse, y que puedan fabricarse en número adecuado para la demanda que haya (me remito a los problemas de desabastecimiento de varicela, Bexsero y tosferina/difteria/tétanos de los últimos 10 años).

 

Después de esto, aún quedará la fase de ver cómo reacciona el bicho ante la vacuna, si muta para escapar de ella, en cuyo caso tendremos que ir actualizando la vacuna, como ocurre con la de la gripe que se modifica todos los años para adaptarla a las cepas más recientes disponibles.

Como podéis imaginar, habitualmente todo el proceso dura años.

 

Volviendo a nuestro amigo el coronavirus, la verdad es que se están dando pasos agigantados con la investigación de esta vacuna, los médicos vamos un poco a ciegas con síntomas, tratamientos, epidemiología y prevención porque es nuevo y no sabemos cómo funciona, pero gracias a la investigación colaborativa y a las nuevas tecnologías tenemos acceso a muchas publicaciones que facilitan la comunicación y extraer conclusiones, y eso es aplicable a las vacunas. Existen diversos equipos trabajando en ellas y algunos van más avanzados de lo que cabría esperar, teniendo en cuenta que “sólo” llevamos 3 meses en crisis. Sin embargo, como el proceso, para ser eficaz y seguro, es largo, probablemente no veamos la vacuna hasta principios de 2021.

Hasta entonces, habrá que seguir siendo responsables para evitar el contagio y proteger a los grupos de riesgo.