Sentarse en “W”

Hace ya tiempo que mi hija tiene tendencia a sentarse como veis en la imagen. La verdad es que a ella le encanta, pero ha entendido que no es la mejor postura porque si le digo “Por favor, ¿puedes sentarte bien?” la corrige de inmediato. Pero, ¿por qué le digo esto?

Esta postura, también llamada W-sitting (sentarse con las piernas en forma de W) es una postura cómoda para ellos porque les da estabilidad, es algo así como tener un trípode o un montón de patas para sentarse (como un pulpo), por lo que no tienen que hacer tanta fuerza con los músculos de cadera y espalda para mantener el equilibrio.

El “problema”, desde el punto de vista anatómico, puede ser la posición de la cadera y de las piernas, ya que estamos “abriendo” demasiado las caderas y las rodillas, por lo que si mantiene la postura durante mucho tiempo podemos favorecer problemas futuros como, por ejemplo, la torsión del fémur y que anden con los pies hacia dentro (normal en niños por debajo de los 2-3 años), el acortamiento de algunos músculos de las piernas o la dislocación de cadera en niñ@s predispuestos (por displasia de caderas, por ejemplo).

Desde otro punto de vista, al estar tan estables, tienen limitados los movimientos hacia los lados, con lo que hay una serie de habilidades que no pueden practicar: por ejemplo, cruzar la línea media con las manos para coger cosas que están al otro lado (por lo que no trabajan la contralateralidad de las manos), o mantener el equilibro por sí mismos, jugar con juguetes que no estén delante de ellos, etc.

Así que, si vuestr@ hij@ adopta esta posición: ¿qué debéis hacer? Pues lo primero estar tranquilos sabiendo que hay una lógica detrás, y que no va a haber secuelas ni mucho menos inmediatas salvo que tenga alguna enfermedad de base o se pase mucho tiempo en esta posición. Si es así (permanece sentado en el suelo mucho tiempo y siempre en esta posición) podéis tratar de corregirles con suavidad y cariño, para que se acostumbren a que no es una postura adecuada y lo entiendan poco a poco. Podéis trabajar la estabilidad y el equilibrio para que no necesiten recurrir a esta postura, y favorecer que estén en otras posiciones (piernas cruzadas delante o estiradas a los lados) o haciendo otras actividades: corriendo, andando, moviéndose (estando cortos períodos de tiempo sentados y potenciando la musculatura de piernas y espalda mediante juegos.

En resumen: no debemos agobiarnos, ni agobiarles, si adoptan esta postura, sólo ofrecerles alternativas y observarles al caminar por si hubieran cambios. ¿Cuándo debemos preocuparnos o ser más contundentes? Si vemos retrocesos en la estabilidad al caminar (se cae más que antes) o si nuestr@ hij@ presenta algún problema (displasia de cadera tras el nacimiento, hipo o hipertonía, problemas ortopédicos o musculares) en cuyo caso es mejor evitarla.