Vacaciones, aire libre, juegos y….¡GOLPES EN LOS DIENTES!

Ya está aquí el calor y todo nos invita a salir a espacios abiertos, a pasar tiempo de calidad juntos-as, a jugar y a disfrutar: bicicletas, carreras, deportes, piscinas y muchísimas ganas de pasárnoslo bien. A veces tanta emoción junto con el hecho de que con 2-3 años los niños-as están aún perfeccionando su habilidad para caminar y correr, y que a los 4 o 5 años no miden el riesgo de sus acciones  genera que las caídas sean hechos bastante cotidianos y los golpes en los dientes de leche (traumatismos dentales) bastante frecuentes…sin embargo cuando suceden siempre  pillan por sorpresa y  nos asustan mucho.

Fig. 1. Fuente: buccasana.es

Tener claro, de antemano, qué hacer ante un traumatismo en los dientes temporales es muy importante. Ayuda muchísimo a no angustiarse, a transmitir calma y a actuar de la mejor manera posible, sea cual sea la gravedad de las consecuencias inmediatas  del golpe.

Vamos a hablar de 3 pasos: las tres C: calmar, comprobar y consultar.

1.- CALMAR.

Calmar significa mantener la propia calma la persona adulta y calmar al peque que ha sufrido el golpe.

Lo lógico si ves a un niño-a caerse (y más si es tu hijo-a, nieto-a o sobrino-a) es que te asustes mucho, incluso que grites o que te desesperes pero justo eso es lo que no necesita el niño que hagamos. Los peques cuando se caen dimensionan la gravedad de lo sucedido a través de la reacción de las personas que les rodean. Si la persona adulta grita, empieza a llorar o se desespera el niño interpreta que lo que ha sucedido es gravísimo (aunque no lo haya sido) y se asustará mucho al ver que quien tiene que aportarle seguridad en esa situación no puede hacerlo.

Sin embargo si ante un golpe, aunque grave, la persona responsable acude con calma a trasmitirle seguridad y confianza, la niña interpreta que aunque le duele (y ante el dolor llorará logicamente) está segura y hay alguien que la cuida y va a hacer que la situación mejore.

Así que el primer paso es mantener la calma, respirar, hacer acopio de toneladas de ternura y acudir rápidamente a abrazar y calmar con paz el susto…y el disgusto que la abrupta interrupción de la diversión ha causado. Eso supone dejar para otro momento cualquier tipo de riña, quitarle importancia a la situación (aunque la tenga) y contarle con cariño qué es lo que vamos a ir haciendo para resolverla.

Fig. 2. Fuente: eresmama.com

 

2.- COMPROBAR:

 Es importante comprobar las consecuencias del golpe para poder hacer, según el caso, lo más adecuado. Para ello comprobaremos lo primero si el niño se ha golpeado en la cara o en la cabeza. Un golpe en la cabeza puede ser algo muy serio y requiere ser controlado adecuadamente. No profundizaremos ahora en ello pero si se observan náuseas o vómitos, dolor de cabeza, sangrado por la nariz o por el oído, caminar tambaleante, respiración anormal, visión doble, atontamiento o pérdida de conocimiento lo mejor es que lo llevemos a un centro sanitario de urgencia para su evaluación.

Si el golpe ha sido en la cara entonces lo primero que llamará la atención del adulto es la presencia de sangrado si lo hay. No hay que olvidar que la cara y sobre todo la boca de los niños están muy vascularizadas así que tienden a sangrar profusamente. Si el peque sangra, hay que buscar sin asustarse el origen de esa sangre: un labio partido, un frenillo que se ha roto, una herida en la lengua o en la encía. A veces ayuda pedirle que se enjuague la boca o limpiar la boca con un pañuelo o con lo que se tenga a mano limpio. Una vez que sepamos de donde sale la sangre, con un pañuelo limpio hay que hacer presión encima para favorecer que deje de sangrar. Si el sangrado no cede, lo mejor es que lo llevemos a un centro sanitario de urgencia para su evaluación.

Si no hay sangrado, o ya está controlado comprobaremos dónde se ha hecho la herida, no dónde en la cara/boca que también, sino dónde en el espacio físico: en un suelo con barro y piedritas, contra una pared, con un objeto que llevaba su prima en las manos. Este dato es muy importante de cara a la inmunización antitetánica. Si se ha hecho alguna herida en la cara (dentro de los límites normales) una de las tareas será curarla, es decir lavarla y desinfectarla.

Comprobaremos también cómo están los labios. En relación a los labios hay que tener en  cuenta 2 cosas: 1) que son un fabuloso “parachoques” natural a estas edades y muchos de los golpes en la boca, sobre todo si esta estaba cerrada, se los llevan principalmente ellos y 2) que cuando se produce un traumatismo, las estructuras golpeadas, ya sean labios o dientes,  absorben mucha energía y esto genera un proceso inflamatorio.

Fig. 3. Labio hinchado y con un corte.    Fuente: sietediasjumilla.es

Así que tenemos que comprobar si los labios han resultado muy golpeados, si es así, habrá que administrar algún fármaco antiinflamatorio (el más común en casa es el ibuprofeno en jarabe) porque ante un golpe los labios tienden a hincharse y pueden doler. Una alternativa al ibuprofeno es la aplicación de frío local.

Y por fin…¡llegamos a los dientes!…es muy importante también comprobar cómo están los dientes de leche. En general se pueden dar 6 posibilidades y es clave que sepas cuál es la de tu niño-a porque condiciona la urgencia de la situación:

  1. Que alguno de los dientes no esté porque fruto del golpe se ha salido totalmente de su sitio (avulsión) o porque se ha metido totalmente en el hueso (intrusión).
  2. Que los dientes estén enteros, en su sitio y sin movilidad.
  3. Que los dientes estén enteros y en su sitio pero que todos o alguno de ellos se muevan (luxados).
  4. Que algún-os dientes estén rotos (fracturados) aunque en su sitio y sin  movilidad.
  5. Que algún-os dientes estén rotos (fracturados) y además con movilidad (luxados).
  6. Que algún-os dientes enteros o rotos se hayan desplazado de su sitio.

 

   

 

 

 

 

En caso de avulsión, si has encontrado el diente, en ningún caso intentes recolocar el diente de leche en su hueco (alveolo) eso sólo se puede hacer cuando el diente avulsionado es permanente.

En caso de luxaciónes es muy importante que si tu niño-a usa aún chupete o biberón se lo retires porque el uso de tetinas empeora la situación. Evita además que use los dientes, dándole todos los alimentos triturados hasta que pueda verle un dentista.

En cualquier escenario la higiene es fundamental para una buena evolución de la situación, tu odontopediatra te explicará cómo y con qué, cuando os reciba, pero hasta ese momento sigue cepillando todos sus dientes 2 veces al día con cepillo y pasta para evitar que la placa bacteriana y los restos de comida empeoren la situación.

3.-CONSULTAR.

Ya he comentado antes que cualquier golpe en los dientes aunque aparentemente no se observe ninguna consecuencia, supone una gran cantidad de energía absorbida que puede generar complicaciones incluso un año después de haber tenido lugar el accidente. Y complicaciones importantes como la muerte del nervio (necrosis pulpar).

Por eso ante cualquier golpe en los dientes SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE hay que consultar con el odontopediatra.

Para ello llama por teléfono y explica lo que ha pasado y en qué escenario de los 6 mencionados se encuentran los dientes de tu hijo-a. Esta información permite al profesional:

  • Hacerse una idea de la situación. Es probable que te pidan que envíes una foto para tener una imagen y poder dimensionar la gravedad de lo ocurrido y la urgencia de atención.
  • Darte las pautas que necesitas aplicar hasta que vean al niño-a en relación a alimentación, higiene y ayuda farmacológica.
  • Citaros para valorar: 1) el estado de los dientes clínico y radiográfico, 2) el tratamiento necesario, si se requiere y 3) los controles periódicos que no olvides se requieren SIEMPRE.

Cuando acudas a la consulta ayuda a tu hijo-a a ver al odontopediatra como a un amigo-a. Tu actitud y positividad así como tu confianza en el profesional son claves para establecer una bonita relación de cariño y cuidado a largo plazo.