El miedo al parto, ¿es necesario?

El miedo es una emoción básica que tiene bastante “mala fama” .

A pesar de ésto,  tiene su utilidad.

En el post de hoy te doy varias razones por las que debes escuchar a tu miedo, ponerle nombre y traducir qué quiere decirte.

El miedo o temor, aparece cuando tu cerebro interpreta que la situación ante la que se encuentra es susceptible de provocarte un daño. Y no solo eso, sino que ese hecho (que la mayor parte de las veces existe solo en tu mente), prepara a tu organismo para actuar “por si” llegara a producirse el evento temido. Por tanto, el miedo es una emoción protectora.

El proceso que sigue el miedo es el siguiente:

  1. Aparece ante mi o en mi mente, un hecho que es susceptible de dañarme.
  2. Mi cerebro comienza a buscar en el entorno hechos, referencias, acciones o actitudes que confirmen que eso que ha imaginado/percibido, efectivamente se va a producir.
  3. Esa emoción, provoca una respuesta física en ti. Los músculos se tensan, tus pupilas se dilatan para conseguir encontrar esas amenazas y el corazón late más fuerte para conseguir que todos tus músculos consigan llenarse de sangre y con eso proporcionarles el oxígeno suficiente para “ponerse en acción” y si se diera el caso, poder huir o defenderte.
  4. Esa respuesta fisiológica junto con la valoración del evento como potencialmente dañino hace que tu mente genere en ti terror.
  5. El miedo entonces, toma el control y tu lo pierdes.

El día del parto, esta dinámica de miedo-tensión física, puede provocar en ti bloqueo emocional y esa temida pérdida de control. Además de un menor bienestar físico y mayor sensación de dolor.

Pero, ¿cómo conseguimos romper ese ciclo? Sin duda alguna, conociendo a tu miedo:

Por tanto, ¿cuáles son los componentes del miedo?

  1. Pensamiento: qué pienso ante lo que está sucediendo y cómo lo interpreto.
  2. Emoción: qué respuesta se despierta en mi organismo como consecuencia del contexto.
  3. Acción: qué hago yo con eso que me está pasando.

¿Qué nos dice esta tríada psicológica?

Pues que el miedo tiene una componente interpretativa muy fuerte. No es lo que nos pasa, si no cómo interpretamos lo que nos pasa, lo que afecta en la vivencia de lo que sucede. 

Suelo decir que al parto acudimos con una mochila de parto muy grande y no me refiero a los pañales, pijamas, patuquitos…me refiero a esa mochila de sesgos interpretativos que nos hacen prepararnos para lo peor, porque “todo el mundo sabe que el parto, no es un camino de rosas”, “el parto duele muchísimo”, “la mujer sufre en el parto”, “en el hospital no se va a respetar mis decisiones y por eso tengo que sacar las uñas” “mi madre sufrió mucho en mi parto”, “no soy capaz de hacerlo”, “no voy a saber interpretar cuándo estaré de parto” y… ¿qué sucede? Ya lo hemos visto anteriormente, tu miedo se pone en marcha, tu cerebro busca confirmar que efectivamente estás en peligro, tu cuerpo activa la respuesta de lucha y entonces…pierdes el control.

¿Qué sacamos como conclusión?

Es necesario vaciar la mochila de miedos ajenos y empezar a escuchar qué me quiere decir MI miedo al parto. Es lógico sentir incertidumbre ante un evento en el que no sabes qué va a suceder, pero recuerda, el parto no es un evento dañino para ti, es el proceso por el que recibirás a tu hija o hijo, te mereces vivirlo en calma, sean cuales sean las circunstancias. 

¿Cómo puedes ayudarte de tu miedo para vivir un parto en calma?

  1. Escribe qué miedos proyecta tu mente consciente hacia el parto. Para sacarlos, solo escribe sin auto censurarte.
  2. Señala cuáles son propiamente tuyos y cuáles son heredados. Es decir, este miedo me surgió cuando…ahí podrás ver en qué contexto se ha generado tu miedo.
  3. Busca información que te ayude a relativizar esos miedos. Los miedos al parto más comunes suelen estar relacionados con el dolor, con la incertidumbre, con la posibilidad de hacer/o no hacer algo y que el bebé se dañe y no ser respetada, identifica quién puede controlar esa situación, si eres tú, busca métodos que te ayuden a tomar el control, si son otros, busca gente en la que confíes para que colaboren contigo.
  4. Conoce tu cuerpo y su respuesta ante las amenazas. Aprende cómo funcionas.
  5. Entrena tu mente en generar la calma. No todos tus pensamientos son reales, por eso, debemos aprender a distinguir qué si y qué no es cierto.

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Referencias bibliográficas.

Goleman, D., Mora, F., & Raga, D. G. (2010). La práctica de la inteligencia emocional. Alianza Editorial.

Pereira, C. N., Valcarcel, R. R., & Valcárcel, R. R. (2016). Emocionario. V&R EDS.

 

 

 

 

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