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El “EducArte” … ¿es necesario?

Quién de nosotros al ver a un/a niño/a pequeño/a pintando no le ha preguntado: ¿Qué dibujas? ¿Qué es eso?  Creo que todos nosotros lo hemos hecho alguna vez, sin darnos cuenta de que, de esta manera, intervenimos en la dirección de nuestro propio pensamiento y apartamos al niño/a del suyo propio, le distraemos de sus intereses y necesidades, le desorientamos y le hacemos sentirse inseguro. El niño/a que garabatea libremente no está pesando si quiere dibujar un caracol, un bosque, un edificio o cualquier otro elemento definido. Simplemente dibuja por el placer de dibujar. Sabemos que el arte es comunicación, que los artistas pretender trasmitir mensajes, pero un niño/a al dibujar solo pretende jugar, entretenerse y dejar volar su imaginación. Los estudios llevados a cabo por Arno Stern (pedagogo e investigador francés nacido en Alemania) muestran que todos los niños del mundo pintan las mismas casas, independientemente de su lugar de origen o su arquitectura local. Esto nos muestra que hay un origen externo, dirigido por los adultos, que les indica como dibujar estas casas.

Desde el principio, toda la educación artística se ha basado en tres concepciones erróneas:

      1.  Desde el primer trazo, todo es para la comunicación.
      2. Los dibujos de los niños son una etapa en el camino que conduce al arte.
      3. Algunos están más dotados que otros.

Según estas ideas, dibujar o pintar atendiendo a un impulso inapelable y hacerlo felizmente, sin propósito alguno, sólo sería posible durante un corto periodo de la vida llamado infancia y solamente unos pocos seres dotados por la naturaleza o inspirados por experiencias personales continuarían este camino hacia “el arte”. Sin embargo, la expresión artística es una necesidad básica y todos estamos capacitados para expresarnos con el trazo sin que se deba calificar como “correcto” o “incorrecto” y sin que dicha expresión esté destinada a la comunicación artística o sea el inicio del camino del arte.

Parece que los niños cada vez tienen menos ocasiones de dibujar en un papel blanco libremente, jugando sin finalidad alguna, por placer; sin temas impuestos o sutilmente sugeridos, sin necesidad de ilustrar lo oído, hablado, leído o estudiado; sin tener que calcar o copiar; sin tener que rellenar, colorear o hacer un trazado continuo sobre uno discontinuo; sin tener que dar explicaciones; sin tener que someterse a las opiniones, comentarios o juicios de los demás; y sin necesidad de tener que dibujar a fecha fija para el regalo del día del padre o de la madre. Así que, ante esto… ¿qué podemos hacer?

Como padres/madres/educadores/maestros… os invito a no juzgar, reaccionar, asombrarnos o sentirnos orgulloso de lo que hacen nuestros hijos/as cuando pintan; a no enseñar, acelerar ni retrasar procesos; a respetar el ritmo de cada uno; a convertir la expresión artística en un momento de libertad, sin juicios ni valoraciones, porque a medida que el niño/a crezca adquirirá la capacidad de juzgar y valorar su trabajo, sin sentir que “no sabe”, “no puede” o “no es capaz”. No es necesario “educar el arte” sino que debemos dejar que ellos exploren libremente su creatividad y que se expresen según sus necesidades.